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EN 214 Y 516

Abasto: perdió a su hijo y pintó un deslumbrante mural para recordarlo

Hace algunos días, Malvina Rodríguez finalizó en su casa de Abasto un mural en homenaje a su hijo, Daniel Luna, un apasionado del pincha que era policía y falleció hace dos años en un accidente de tránsito. «Es algo lindo para él y para nosotros», contó a Oeste Platense la mujer.

 

 

Tras la muerte de vástago, a Rodríguez se le ocurrió realizar un mural en su honor y llamó a un pintor para que realice la obra. El 24 de diciembre pasado lo inauguró junto a familiares y vecinos que se acercaron a descubrir el impactante trabajo del artista.

«Hace un mes pensamos en hacerle algo lindo en casa, porque su deseo en vida fue que cremáramos su cuerpo y tiremos sus cenizas en la cancha de Estudiantes, pero, como no pudimos hacerlo, decidimos hacer el mural acá en casa con el fondo del club; algo lindo para él y para nosotros. Estamos super contentos», relató Rodríguez.

 

 

Cabe destacar que la  magnífica obra de arte la realizó un artista de Abasto, David Gigli, quien en todo momento entendió lo que quería Rodríguez y se puso a su disposición. Le llevó una semana realizar el mural en la casa situada en 214 y 516 bis.

Sobre la personalidad de Daniel, su madre recordó: «Era muy querido en el barrio, muy simple, familiar y amiguero. Fue mi compañero de la vida, se recibió de policía, tenía un comercio, muchos sueños y proyectos por cumplir. Cuando estuvo en el hospital, en coma, me enteré que iba a ser papá por su novia».

 

Daniel, a quien su mamá recuerda de una forma tan particular.

 

El joven egresó de la Escuela de Cadetes Juan Vucetich en el año 2016, realizó el Operativo Sol y luego comenzó a trabajar en la localidad de San Isidro. Malvina se emociona cuándo recuerda que cada vez que volvía de hacer guardia por la mañana la recibía con facturas.

A Daniel le apasionaba hacer todo tipo de deportes, en su adolescencia practicó boxeo, jugó al futbol y corría maratones. En su corta vida dejó una niña llamada Caetana, que tiene dos años y, según su Rodríguez, es «el alma que le volvió al cuerpo».

 

 

«Yo a Daniel lo tuve a los 14 años, crecí, aprendí y pase los mejores y peores momentos con él: era muy compañero conmigo. Estuve en tratamiento psicológico porque no podía salir adelante. Hoy mucha gente nos felicita, nos aplaude y se ha sacado fotos en el mural», valoró la mujer.

De este modo, Daniel tiene su propia cancha en su casa, donde vivió siempre con su familia, en su Abasto natal, y dónde se crio junto a sus amigos, con quienes pasaba la mayor parte de sus días.