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EN TANDIL Y CHASCOMÚS

Dos estancias para relajarse y redescubrir la Provincia

Los destinos clásicos no dejan de sorprender, siempre tienen una joya lista para deslumbrar y cautivar a quienes los visitan con propuestas que combinan naturaleza, descanso y gastronomía de excelencia.

 

 

La estancia “Ave María”, en Tandil, y la finca “La Alameda”, a orillas de la laguna en Chascomús, son dos de las opciones para vivir una experiencia de confort y bienestar.

“En 1997 me animé a emprender un sueño que se reiteraba desde muy chica: tener un hotel con edredones de plumas, cortinas de plumeti español, un lugar de paz, de afecto y comida casera, como había en casa”, relató Asunción Pereyra Iraola de Zubiaurre, responsable de “Ave María”.

Luego de una búsqueda, por momentos agotadora, adquirió la estancia construida en 1962 por la familia Santamarina y su anhelo de la infancia comenzó a hacerse realidad.

En mayo de 1998 se instaló en la finca y durante más de un año se abocó a acondicionar el lugar que abrió sus puertas en octubre del año siguiente. “La idea se transformó en un proyecto de muchos. No sabíamos nada de hotelería pero teníamos ganas de aprender y, sobre todo, de dar más de lo que esperábamos”, expresó Asunción.

“Ave María” tiene once habitaciones con baños privados, salón de estar, biblioteca, juegos de mesa, piscina y ofrece actividades como trekking, bicicleteadas y cabalgatas, además de sesiones de masajes relajantes para liberar al cuerpo del estrés y la rutina.

Cabe destacar que también es un sitio pet friendly en el que se puede disfrutar del paisaje junto a los perritos y gatitos que forman parte de la familia.

UNA OPCIÓN EN CHASCOMÚS

“Nos gusta hablar sobre Chascomús, tenemos ese orgullo por el lugar. Nos gusta transmitir la historia de la ciudad y de la estancia”, expresó Francisco Cánepa, hijo de Gustavo, quien está al frente de “La Alameda”.

En 1779 Juan Gregorio Girado fundó la Ciudad y, diez años después, obtuvo diez mil hectáreas en el sector noreste de la laguna donde construyó la finca.

Este integrante del cuerpo de Blandengues plantó más de treinta hectáreas de álamos, paraísos, gran variedad de frutales, armó aljibes y jagüeles para tener agua potable y otras instalaciones, como puestos, galpones y corrales, donde se alojaban los peones, se guardaban herramientas y se criaba ganado.

En 1970 la estancia fue declarada Patrimonio Histórico y Cultural. Años más tarde, el Municipio adquirió el predio con el objetivo de conservarlo y concesionarlo.

El sitio dispone de nueve suites con vistas a la laguna y al patio del aljibe. Este espacio es el corazón del hotel ya que conecta, a través de un corredor, las habitaciones, el restaurante y la sala.

Quienes la visiten podrán realizar cabalgatas, paseos en tractor, en carruaje, en lancha o en kayak y practicar pesca. También ofrecen canchas de vóley, fútbol y tenis, y los más pequeños podrán divertirse en la cama elástica y en la plaza de juegos.

“La gente queda fascinada con la reserva natural. Se genera una conexión muy linda con los árboles y nuestro espejo de agua. Se puede recorrer caminando o en una excursión a caballo”, precisó Francisco.

 

 

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