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BALAS POR CARAMELOS

La masacre de Napalpí: el día que el Estado masacró a centenares de indígenas

Una mañana de 1924, entre 300 y 1000 personas fueron masacradas por el Estado Nacional. Fue un 19 de julio cuando indígenas Qom y Mocoví fueron víctimas de una reducción aborigen.

 

Archivo histórico, pueblos originarios.

 

Todo comenzó cuando un avión biplano Curtiss JN-90 sobrevoló la zona arrojando comida y caramelos. Cuando los nativos salieron en busca de los bienes, 130 efectivos de la Policía de Territorios Nacionales y Gendarmería, apostados a 300 metros de distancia, acribillaron a mujeres, hombres, niños y ancianos.

Este crimen de lesa humanidad fue durante la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear y sucedió bajo el yugo del gobernador del Territorio Nacional del Chaco, Fernando Centeno.

 

El ex presidente Marcelo Torcuato de Alvear, principal responsable de la masacre.

 

La comunidad de Napalpí tenía prohibido emigrar más allá de sus límites territoriales. La zona era una gran productora de algodón, pero en sus rancherías o estancias agrícolas se hacía trabajar a los indígenas en condiciones de esclavitud.

Como mecanismo de defensa, el colectivo originario se declaró en huelga y organizó una marcha hacia los ingenios azucareros de Salta y Jujuy.

 

LOS SOBREVIVIENTES DEL HORROR

Los culpables de la masacre jamás pensaron que algún testigo se atreviera a hablar, pero sucedió. Casi cien años más tarde, una mujer narró los hechos. Su nombre es Rosa Grillo, quien se salvó con su madre, pero vio morir a su padre.

 

Rosa Grillo, una de las sobrevivientes.

 

De esta manera se fueron encontrando, a través del esfuerzo y trabajo de la Fundación Napalpí, a ancianas y ancianos sobrevivientes. Entre ellos, Melitona Enrique, Pedro Valquinta y Grilo pudieron contar lo que vieron de chicos al ocultarse en el monte. Sus testimonios pudieron incorporarse al proceso para llevar adelante el juicio por la verdad.

Medios y Estado por igual, mano a mano, intentaron ocultar de la memoria la masacre de los pueblos originarios. Los llamaron “indios revoltosos”, desacreditaron su lucha y humanidad.

Sin embargo, aún bajo el gran peso del racismo, la xenofobia y la opresión institucional, las víctimas prevalecieron y persiguieron la justicia.

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