GRAN LA PLATA

¿Se puede pensar la gestión del Estado Municipal sin Centro ni Periferia?

Por Enrique Pérez Balcedo

Cuando se menciona al centro geográfico de la ciudad, se piensa en el centro de la Plaza Moreno, allí donde bajo tierra estuvo la piedra fundamental. Pero si uno observa un mapa del Partido de La Plata, es decir, toda la jurisidicción que debe atender el poder político comunal, el centro geográfico del Partido estaría en la intersección de la ruta 36 y la avenida 44.

Cuando los funcionarios hablan de “centro”, se refieren al plano fundacional de Benoit y Dardo Rocha. En tanto que “periferia”, con rigor semántico, es el espacio que rodea a ese núcleo. El problema político de hoy, es que son más los platenses “periféricos” que los “céntricos”. Y debe pensarse un camino distinto para dar dignidad ciudadana a los alejados del centro.

Un desarrollo solidario

No hubo gestión que haya salido de ese esquema de pensamiento bipolar “Centro/Periferia”. Por eso los intendentes tienen “delegados”; o se afirma que el jefe comunal “visita” tal barrio, como quien sale de su lugar para pasar un rato en un sitio ajeno. Forma parte de un convencimiento de muchos dirigentes desde hace años. No es habitual que el Ejecutivo comunal se instale en Los Hornos y Lisandro Olmos para funcionar durante quince días desde ese lugar. O el Concejo Deliberante haga sesiones itinerantes, en Etcheverry o Abasto.

Nuestro Partido de La Plata ha tenido un serio déficit en el crecimiento de muchos barrios, producto de políticas que no son solidarias. Y tiene que ver con la lógica “centro/periferia”. Hay regiones que si no lograron ubicar a un representante en “el centro”, están olvidadas. Y muchas, que sí lo lograron, fueron olvidadas por esos representantes.

Es necesario un criterio diferente para gestionar La Plata con mayor equidad. Debe salirse de la antinomia entre un “casco urbano céntrico” y una periferia de barrios satélites. Se necesita un desarrollo diferente, con un modelo de distribución de los ingresos públicos con sentido solidario. De lo contrario, aquellos barrios pobres seguirán siendo pobres, y los barrios con mayores recursos, serán cada vez más cotizados y codiciados.

Se profundiza una desigualdad entre los ciudadanos. No hay acceso igualitario a servicios o mejoras en la calidad de vida.

El lugar del periférico

Durante décadas el pensamiento “centro/periferia” se hizo concreto con medidas de gobierno. El sistema de transporte reforzó esa dependencia; también la instalación de los edificios públicos y hasta los espacios verdes.

Aún existen dificultades para la conexión entre barrios, pese al esfuerzo de algunas cámaras empresariales por integrar nuevas regiones de interés comercial. También existieron ideas interesantes para trasladar edificios públicos a una prometida avenida 52, pero todo quedó en la nada.

Más allá de los dispositivos físicos, el fenómeno que impacta es el convencimiento que tienen los habitantes de la periferia de su rol de “periféricos”. Se acepta un lugar de “ciudadanía disminuida”. Se ha internalizado que una cosa es un ciudadano del cuadrado fundacional, y otro el de un barrio periférico. ¿Qué lo caracteriza?: Escasas alternativas para el transporte; alta situación de inseguridad; dificultad en el acceso a los servicios básicos de salud y educación; falta de espacios recreativos y espacios verdes, que tengan la misma jerarquía que los ubicados en el casco céntrico. Déficit de escuelas y jardines maternales, falta de obras viales, escaso alumbrado público, necesidad de obras hidráulicas. Y muchos asentamientos marginales, de manera especial en las regiones de la zona oeste. Las usurpaciones en áreas de las delegaciones de Melchor Romero, Abasto, Olmos y Etcheverry son signficativas.

No hay colectivos directos entre Etcheverry, Olmos y Melchor Romero, a pesar de la presencia del Hospital y los centros comerciales. El Estado generó nuevos barrios (Los Coquitos, La Emilia, etc), pero no se aumentó el número de establecimientos educativos ni se amplió la capacidad operativa del Hospital de Romero, con lo que todos los servicios han colapsado.
Centenares de chicos esperan el colectivo para viajar una hora hasta una escuela en el centro. Y la atención de su salud, debe buscarse fuera de la región.

Hacer de la periferia un centro

El mejor plan para la periferia, sería terminar con la idea de periferia. Asumir la jurisdicción comunal con otra lógica de gestión, tal vez generando zonas de administración diferentes, dejando el “cuadrado fundacional” como casco histórico, “modelo de ciudad” pensada en el siglo XIX, pero no vinculando esa realidad con una lógica de “Centro/Periferia” al momento de gestionar. Eso obligará a urgentes medidas de desarrollo zonales, planificadas desde el Estado. Debe pensarse un desarrollo regional, con mayor inversión provincial y comunal. Potenciando las capacidades de cada área platense.

Esa regionalización o departamentalización del Partido de La Plata, llevará a una reflexión diferente de los funcionarios del Ejecutivo sobre su responsabilidad en la equidad territorial, para iniciar procesos de descentralización, que beneficien al casco histórico (al descomprimirlo), pero fundamentalmente dando más derechos a los ciudadanos de la denominada periferia, que no pueden acceder a beneficios básicos por el hecho de estar ubicados en un determinado sector del mapa platense.

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