ROMERO

Se realizó en el Hospital un festival de ollas populares para pedir "comida digna" para los pacientes

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Después de que el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) diera a conocer una denuncia sobre la «grave» situación alimentaria que atraviesan los pacientes de la salud mental del Hospital de Melchor Romero, se realizó ayer en uno de los patios del predio de 520 y 175 una jornada de olla popular para visibilizar esta problemática y exigir «comida digna» para todas las personas en situación de encierro.

«La comida que se les ofrece a las personas es de muy mala calidad. Tanto el sabor, como el estado, la variedad, la presentación y la escena cotidiana de las comidas en las salas de internación hacen que la alimentación resulte para ellas un acto más degradante y mecánico que saludable y placentero», se indicó desde el Movimiento de Desmanicomialización.

Camila Azzerboni, trabajadora social e integrante del Movimiento , resumió a FM Cielo 103.5 que «los comedores están sucios, llenos de paloma, la comida llega mezclada, es decir, no se puede diferenciar, se repiten los menúes y sin posibilidad de selección de que alimentación ofrecer».

«Nos encontramos con gente que nos manifestaba que prefería no comer antes de ingerir esa comida. La situación es gravísima, más para personas que están internadas», sostuvo.

«Nosotros no sólo hacemos hincapié en que llga la comida. Puede no estar en mal estado, o cumplir con los valores nutricionales. Pero lo que les llega son cosas indescifrables».

«Ellos (los pacientes) comen con cuchara, porque no usan cubiertos cortantes. Les llega carne dura y terminan comiendo con la mano», manifestó.

Al respecto Azzerboni explicó que «se habló con las autoridades, se presentó un informe, se habló con el directorio del Hospital, pero no hubo cambios».

A través de un comunicado, el Movimiento de Desmanicomialización expuso que «lxs internxs manifiestan constantemente su malestar con respecto a la comida, por lo cual realizamos un seguimiento y comprobamos alimentos en mal estado, agrios, con alteración de color y malos olores, que generan una reacción de rechazo por parecerse a la comida que reciben los animales. Comen con platos, vasos y cucharas de plástico, alimentos que muchas veces son duros. Como las cucharas se rompen, la mayoría opta por comer directamente con las manos. Los comedores son lugares grandes, en general oscuros, fríos y con muy mal olor. Hay moscas, cucarachas, palomas, perros e incluso excrementos en pisos y mesas. No se promueve el hábito higiene antes de comer lo cual multiplica las posibilidades de contraer enfermedades».

La misiva además expresa que «en el manicomio donde el tiempo pareciera no pasar, las comidas son de las pocas actividades que dan sentido a los días. Pero, lejos de ser un momento de placer, donde compartir conversaciones, risas e identidad, la mayoría de las personas terminan distanciadas entre si y están obligadas a ingerir cosas desagradables que se repiten día tras día o a pasar hambre».

Desde el Movimiento se indicó que ante este panorama «las personas internadas realizaron diferentes reclamos sin ser escuchados, y por eso muchas toman medidas drásticas como negarse a comer, o gastar sus mínimos recursos (quienes tienen alguno) para conseguir otros alimentos».

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