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JULIANA IRAULA

Una de las primeras argentinas en vacunarse es de El Centinela

Juliana Iraula tiene 35 años, vive en el barrio El Centinela de Lisandro Olmos, es enfermera terapista en el Hospital San Martín y hace dos días se dio la primera dosis de Sputnik V, vacuna que en su opinión llegó «en el momento justo». Oeste Platense dialogó al respecto con ella.

La vecina platense fue una de las profesionales de la salud que se puso al hombro la pandemia desde el primer día. Desde que se recibió, en el año 2003, siempre se desempeñó en el ámbito privado; pero en mayo del año pasado comenzó a trabajar en el nosocomio ubicado en la intersección de avenida 1 y 70, en el área de emergencias.

No obstante, a los veinte días de haber ingresado en la reconocida institución pública de la ciudad, la derivaron a la Unidad de Terapia Intensiva (UTI), donde aún se encuentra dando batalla al COVID-19.

 

Juliana Iraula hablando con Oeste Platense.

 

La enfermera, que por el Coronavirus debió hacer sacrificios como mudarse, para no contagiar a su familia, cree que la vacuna llegó en «el momento justo». Luego de investigar acerca de la Sputnik V, no dudó y fue una de las primeras en inscribirse para tener su dosis.

«Si bien los de la terapia intensiva tenemos prioridad para la vacuna por el hecho de ser la primera línea expuesta al virus, en el hospital donde trabajo nos inscribimos los que queríamos recibirla, ya que es voluntario. Nos anotamos y el ministerio realizó un sorteo, a mí me tocó vacunarme el 6 de enero a las 11 de la mañana, fui acompañada», expuso Iraula a este medio.

Al ser consultada respecto a las temidas reacciones adversas, señaló: «No tuve ninguna reacción adversa, ni siquiera los signos normales que uno puede llegar a tener cuando se da una vacuna, como por ejemplo hiperemia o febrícula».

«Te dicen muchas cosas, hay muchos mitos alrededor de la vacuna; lógicamente uno no es ajeno a lo que dice la televisión. Había un poco de temor pero ya veníamos formándonos e investigando acerca del grado de eficacia. Vacunarse una decisión muy personal, en mi caso lo medité muchísimo», confesó.

«Estuvimos muy atentos a cómo se sentía el otro. A medida que los profesionales iban manifestando que no tenían síntomas o que los mismos habían sido muy leves, se empezaron a vacunar los demás, es como que eso los incentivó», contó.

«En nuestro caso hubo adhesión, sabemos que es importante para cuidarnos. Somos personal que está expuesto de una forma u otra, sabemos que, si bien el hospital nos provee de elementos de bioseguridad, esta segunda ola nos agarra después de pasar un año sin vacaciones, sin licencias, con estrés; nos agarra un poquito más cansados», lamentó la enfermera.

Sin embargo, también destacó: «Esta vacuna llegó en el momento justo, para no bajar la guardia. Tenemos que estar cubiertos sobre todo porque hay muy poco personal especializado en el servicio de terapia intensiva, son profesionales que escasean a nivel mundial».

 

Iraula mostrando la marca de la vacuna.

 

«Nuestros profesionales están haciendo un trabajo de gladiadores, es muy admirable como trabajan aún estando cansados y muchos de ellos habiendo hecho guardias larguísimas; y que salen de un trabajo y van al otro. Realmente es muy emotivo ver cómo trabajan todos», expresó, orgullosa.

En esta línea, Iraula manifestó que hubo días en que realmente se sintieron colapsados. «Es un lindo equipo que trabaja mucho y nos contenemos todo el tiempo, pero hubo un momento en que nos sentimos colapsar, algunos días estábamos más sensibles que otros», recordó.

Más allá de que las terapias intensivas tienen una demanda habitual de pacientes, la enferma contó que en el marco de la pandemia se duplicó la cantidad de camas y se dividieron en dos: una terapia COVID-19 y una terapia «no COVID-19».

«Trabajábamos un tiempo en una y otro en la otra, rotándonos. Tratamos siempre de trabajar en conjunto y de forma armoniosa para no decaer, más allá de que tenemos un servicio de salud mental para los trabajadores que nos apoya y que está a disposición por cualquier situación de desborde; hemos tenido terapias grupales también», señaló.

 

El certificado de vacunación de la enfermera.

 

Por otro lado, sostuvo que el temor de haber contraído el virus está siempre latente. Un temor con el que deberán convivir un tiempo más, al que tendrán que seguir poniéndole el pecho. «Nosotros somos conscientes de que nos podemos contagiar en cualquier momento, lo que no queremos es contagiar a un familiar, a un vecino, a un amigo», reflexionó.

«Es por eso que muchos de nosotros hemos restringido al máximo las visitas. Nos hemos aislado de nuestras familias totalmente, eso quizá hizo un poquito muy dura la pandemia porque es difícil estar separado de tu familia cuando más la necesitas», dijo Iraula, y concluyó: «He tenido compañeros trabajando conmigo un día y al otro ocupando una cama en terapia intensiva, es muy duro».